El lado oscuro de los objetivos:  ¿por qué no siempre es fácil?

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- Colaboradores -

La frase “LUCHA POR TUS OBJETIVOS” es muy popular actualmente. Nos hace felices pensar que somos dueños de nuestro propio destino, que todo lo que nos propongamos lo podemos conseguir y además de la manera que nosotros queramos. Suena muy “happy-flower”, pero se nos ha dado la oportunidad de ser independientes y decidir por nosotros mismos qué queremos hacer con nuestras vidas, y nos lo hemos tomado muy a la ligera.

    Os preguntaréis: ¿por qué a la ligera? La respuesta es simple, y es que todo eso de los objetivos suena muy bonito, pero si no trabajamos la base sobre la que se van a sostener, entonces no hay “quieros” que valgan. ¿Cuál es la base? Seguid leyendo.

    Algunas palabras que encontramos asociadas a esta frase son: disciplina, constancia, esfuerzo, paciencia, trabajo duro, aprender de los errores… A todos nos suenan y hasta podríamos soltar toda una retahíla literaria sobre lo mismo, pero si hubiera que agruparlas de alguna manera para poner nombre y orden sobre este mar de ideas, tendríamos que hacer referencia a tres conceptos básicos: la conciencia, la autocreencia y la responsabilidad.

CONCIENCIA

conciencia

    Es la capacidad de darse cuenta y, por tanto, la que nos hará comprender nuestro mundo. Está compuesta por elementos que identifican la información que recibimos (reflexión, observación e interpretación) y por elementos que proyectan el resultado de esa identificación (conducta y lenguaje). En otras palabras, a través de la conciencia llegamos al conocimiento de nuestro entorno y de nosotros mismos, y mientras más conocimiento poseamos, más capacidad tendremos de controlar nuestras acciones y los resultados que queremos obtener de las mismas.

    Dado que nuestro ritmo de vida suele ser frenético, tendemos a ahorrar toda la energía posible y eso hace que los niveles de conciencia que activemos sean más bien básicos. No hay que sentirse mal por ello, primero, porque no es realista ni necesario estar 100 % pendientes a todas horas de todo lo que ocurre a nuestro alrededor; y, segundo, porque la conciencia puede entrenarse, de tal manera que nuestra interacción con nuestros mundos interno y externo sea lo más eficaz posible. ¿Cómo logramos eso?

  1. Aumentando el nivel de atención:

    Hay situaciones que requieren que pasemos del modo automático al manual, es decir, que hagamos uso de nuestros cinco sentidos y nos centremos única y exclusivamente en percibir lo que está pasando.

  2. Dándonos la oportunidad de actuar libremente

    Todos tenemos capacidad de pensar y generar ideas, así que una vez analizada la información y viendo cómo podemos intervenir, hay que ponerse manos a la obra de la manera que mejor consideremos.

  3. Aceptar nuestros límites

    Somos humanos, por lo que nuestras decisiones y acciones van a depender en gran medida de la educación que hemos recibido, del ambiente en el que nos movamos, de nuestra voluntad de acción, etc., así que equivocarnos a la hora de calcular los resultados de nuestras acciones debe ser algo con lo que contemos de antemano. Que el feedback negativo no sea motivo de enfado, sino que nos sirva para aprender y reformular las ideas que no nos sirvan.

    Llegados a este punto, es el momento de relacionar este concepto con nuestra faceta crossfitera. Independientemente de quién seas y de por qué haces crossfit, hay preguntas sobre nosotros mismos cuyas respuestas hay que tener claras si no queremos estancarnos:

  1. ¿Quién soy ahora y quién quiero llegar a ser?
  2. ¿Cuánto estoy dispuesto a sacrificar para conseguirlo?
  3. ¿Cuáles son mis límites?

    Para situarnos mejor, os expongo los siguientes ejemplos: “quiero estar en forma para verano”, “quiero participar en una competición en RX” y “para el trimestre que viene quiero hacer una carrera de 10 km en menos de una hora”. Parecen objetivos normales, ¿no?, no estamos hablando de ir a los Games, pero en este caso la lógica del objetivo no es la cuestión, sino la coherencia que exista entre él y la imagen que tenemos de nosotros mismos. Si te quieres poner en forma, primero tendrás que plantearte qué significa eso exactamente: estar delgado, voluminoso, tonificado… Los entrenamientos y el plan de alimentación varían según lo que quieras, para todo no vale entrenar tres días y comer ensaladitas. Si quieres competir en RX has de tener claro que tienes que echarle muchas horas al entrenamiento, dominar todos los movimientos, alimentarte y descansar adecuadamente, etc., y esto quizás no es compatible con querer mantener a la vez un trabajo de 8 a 19 y dedicar algo de tiempo a hacer vida social y familiar. Lo mismo con el objetivo de correr 10 K en menos de una hora, hay que saber qué implica este objetivo y si te compensa realmente involucrarte en él.

    En resumen, no es que no puedas ni que seas inútil en este deporte, sino que quizás no te estás planteando las cosas objetivamente, así que antes de chocar contra la pared de la desilusión hay que tratar de ser honestos con nosotros mismos. Sentarse y hacernos las preguntas anteriores nos puede salvar de más de un enfado innecesario y nos ahorrará mucho tiempo que podremos utilizar en algo que realmente nos haga ilusión.

AUTOCREENCIA

    Es la confianza y la autoestima claves para conseguir todo lo que deseamos. Autocreencia se refiere a la necesidad que tenemos de creer en nosotros mismos y aunque esta palabra se puede encontrar como sinónimo de las dos primeras mencionadas, en este caso se tratará como un término mucho más amplio que contiene necesariamente a las otras dos. La autocreencia nos ayuda a encontrar sentido y propósito a todo lo que nos rodea, además de ponernos en una situación de ser útiles dentro de nuestra individualidad (“no tengo que ser como nadie, yo creo en mí y tal y como soy puedo conseguir lo que me proponga”).

     Cuando nos reconocemos a nosotros mismos como seres únicos e irrepetibles (autoconciencia) y empezamos a creer en nosotros mismos, nuestras actitudes, acciones y pensamientos respecto al mundo que nos rodea pasan a ser mucho más abiertos, aceptando los cambios y observando todas las posibilidades como potenciales para ser mejores. La confianza entra en el terreno de la pericia (el saber, experiencias, habilidades) y la autoestima en el de la valoración de uno mismo como ser humano, siendo ambas necesarias para movernos por el mundo y las que nos otorgarán el poder de cambiar y adaptarnos a las situaciones, independientemente de lo que suceda, porque “creo en mí y en lo que soy capaz de hacer”.

    Como deportistas que somos, el hecho de conocernos y creer en nosotros mismos es clave a la hora de avanzar. Por un lado, porque la autoestima te recordará lo que vales como persona y, por el otro, porque la confianza en tus capacidades y en el proceso te darán el impulso que necesitas para enfrentarte a nuevos retos y, especialmente, a tus miedos. Retomando el ejemplo sobre querer participar en una competición en RX: has estudiado el objetivo y ahora mismo vives en unas condiciones que te permiten dedicarle tiempo al estilo de vida de un competidor, incluso tienes la posibilidad de llevar una dieta y una programación personalizadas, ¡ESTUPENDO!, parece que todo está al alcance de tus manos. Pero, de repente, resulta que te vienes abajo porque crees que cualquiera puede ser mejor que tú y te sientes inferior (“si es que mira a ese que es más rápido y a ese otro que mueve la barra como si no le pesara, y luego a este que gana todas las competis a las que va…”), o no crees que estarás nunca lo suficientemente capacitado para enfrentarte a ese reto de ser RX e ir a competir (“uf, soy bueno, pero esto me viene demasiado grande”). Te ves muy pequeñín como para tener RM’s destacables,  demasiado grande para ser hábil y grácil en gimnásticos (“si es que soy así, ¿para qué voy a practicar si no lo voy a conseguir?”) o demasiado débil con los dulces como para seguir la dieta a rajatabla (“es que no puedo, vi ese trozo de Cheescake y no pude resistirme”)… ¡VAYA!, parece que algo no cuadra en la ecuación, y ese algo eres tú mismo. En el caso contrario, una persona que de verdad se valora y que confía en un proceso que está del todo ajustado a sus necesidades, sabe que ahora mismo lo más importante es ceñirse al plan, seguir los pasos, y no prestar atención a las cosas que se salgan de él y que no se pueden controlar. Da igual que tu peso corporal sea X o Y, da igual que tengas más o menos fuerza/técnica (“me entrenan precisamente para mejorar eso que me falta”), da igual todo lo que veas que hacen tus futuros contrincantes (¡BENDITO INSTAGRAM!), el plan y sus resultados son lo ÚNICO que debe importarte y por lo único que debes trabajar, no te digas a ti mismo que no puedes.

    En conclusión, independientemente del objetivo que te hayas marcado, si no te valoras lo suficiente como persona ni confías realmente en lo que sabes que eres capaz, ¿qué crees que vas a conseguir?… Nada, ¿verdad? Bueno, ahora que lo sabes, recuérdalo la próxima vez que vayas a clase y veas que hay técnica de algo que se te da mal, porque de nada te sirve pensar “nunca voy a aprender a hacer dominadas sin goma” más que para quedarte sentado viendo cómo los demás aprenden a hacerlas mientras tú te haces experto en poner excusas sin sentido a tu falta de habilidad.

RESPONSABILIDAD

responsabilidad

    Es la capacidad de responder y aceptar las consecuencias de nuestros actos. Esto implica necesariamente: 1) tener conciencia de nuestra libertad para tomar decisiones, y 2) creer lo suficiente en esas mismas decisiones, lo que finalmente nos llevará a ser responsables de los resultados de esos actos. Darnos cuenta de que somos libres nos confiere poder de elección y nos libera del estado victimista en el que nos acostumbramos a vivir.

    Muchas veces no lo vemos, pero adoptar la posición de víctima es más fácil de lo que parece (“no hago ejercicio porque no tengo tiempo”, “es que no estoy nada en forma, no puedo hacer crossfit”, “si mi entrenador de verdad se preocupara por mí, estaría más atento a mí para conseguir mis objetivos”…). Tenemos tendencia a afrontar los problemas de la víctima buscando culpables e inocentes, cometiendo el error de dejar de lado la búsqueda de soluciones. Es como si el problema estuviera resuelto cuando encontramos a quien echarle la culpa y lavarnos las manos, por ejemplo: “tengo que entrenar para una maratón pero no para de llover, ¡así no hay quien haga nada!”, o “quiero seguir mi dieta pero mi madre no para de comprar palmeras para merendar, y ¡es que no hay manera!”. La lluvia está ahí, y tu madre no va a dejar de comer palmeras por tu dieta, puedes mosquearte tanto como quieras y pensar lo injusta que es la vida contigo, pero eso no te va a poner en forma para la maratón ni te va a traer los resultados que buscas con la dieta. Te quedas en las mismas, pero te sientes un poquito mejor porque siempre va a ser más fácil pensar que la vida va en tu contra y que tú tienes la razón, antes que pensar que es TU responsabilidad buscar la manera superar la situación.

    Por el lado contrario, una persona responsable sabe que tiene libertad de elegir y que es la fuente de todo lo que le pase en la vida. Es cierto que hay circunstancias que vienen de fuera y que no podemos controlar (al fin y al cabo, no estamos solos en el mundo), pero hacernos protagonistas de nuestras vidas nos da la oportunidad de elegir cómo queremos afrontar las situaciones para sacarles el mayor provecho posible a nivel de pensamiento, emoción y conducta. Finalmente, en vez de quedarnos de brazos cruzados esperando a que nuestros sueños se hagan realidad, haremos todo lo que esté en nuestra mano y más para llegar a ese estado ideal que tanto anhelamos.

ILUMINANDO LAS SOMBRAS

    Podemos aspirar a muchas cosas, soñar es gratis, pero el punto clave de este artículo no está en el qué sino en el quién lo busca, y ese quién eres tú mismo con tus virtudes y tus defectos, con tus más y tus menos, con tus debilidades y tus fortalezas, etc.

El estado de nuestra conciencia, autocreencia y responsabilidad se refleja en nuestras acciones, pensamientos y sentimientos cotidianos, es ahí donde tenemos que poner el foco para poder plantearnos alcanzar nuestras metas y llegar a un crecimiento personal duradero y sólido. Hemos de preocuparnos por esos tres conceptos, por cómo cambian a medida que avanza nuestra vida e incluso optar por la ayuda de un profesional si en algún momento del camino nos quedamos estancados. De lo contrario, cualquier sueño estará abocado al fracaso o a los efectos del azar.

Será tan fácil o tan difícil como tú quieras que sea, pero esto funciona igual que un WOD: lo tienes que hacer quieras o no, sabiendo que la gloria te espera al final del time cap.


Bibliografía:

Ravier, L., 2005. Esencia del coaching (Cap. 4, pp. 179-244). Arte y ciencia del coaching. Su historia, su filosofía y su esencia. Editorial Dunken (1° ed.), Buenos Aires.

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