CrossFit y sus reglas no escritas

Todos los boxes de CrossFit se rigen por cuatro normas, no oficiales, sobre las que se fundamenta su comunidad

Cada box es un mundo nuevo, ¿no? Pese a que CrossFit ha fijado los estándares para ejecutar los movimientos de esta disciplina, la metodología de enseñanza es propia de cada sitio. Al fin y al cabo la programación, los entrenadores y los atletas son diferentes, al igual que sus objetivos y sus aptitudes. Ahora bien, existe un patrón común en todos ellos que produce un sentimiento de familiaridad allá donde esté. Y es que, consciente o inconscientemente, se siguen unas reglas que, aun sin estar sobre papel, todos cumplen.  

Se da todo hasta el final 

Cuando el tiempo empieza a correr se emplean todos los esfuerzos hasta que el reloj llega a cero, más aún cuando la cuenta atrás se encuentra en el último minuto. En estos momentos, cuando sientes que no puedes dar más de sí, te redescubres y haces todo lo posible para sacar fuerzas de una recámara ya gastada. 

Además, el hecho de mantenerse activo hasta el final desencadena grandes efectos, especialmente si atendemos al factor psicológico.  Instantáneamente, comenzará a surgir el sentimiento de satisfacción por el trabajo ejecutado, pero, sobre todo, se está produciendo el incremento en la ‘capacidad de sufrimiento’. Tal y como describe la propia terminología, se desarrollan refuerzos positivos, a nivel mental, que sirven de aliciente en entrenamientos futuros. 

El entrenamiento termina cuando todos han acabado

El compañerismo se establece como valor fundamental en el CrossFit. Por esta razón, se considera que un entrenamiento ha finalizado cuando todas las personas que han participado en él han terminado. Tanto en las clases como en las competiciones o en las sesiones de grupos más reducidos, no se desaparece ni se recoge el material hasta que los atletas hayan ejecutado su última repetición o el time cap haya llegado a su fin. 

Un claro ejemplo de ello sucedió en los CrossFit Games 2022. Durante el cuarto evento (The Capitol) la atleta Rebecca Fuselier fue vitoreada y animada por los espectadores y los propios competidores cuando, estando a escasos metros de la línea de meta, cargar con el saco se le estaba volviendo un imposible.

Mostrar el apoyo a quienes les está costando completar el entrenamiento no supone ningún esfuerzo, pero puede ser visto por ellos como el impulso que necesitan para continuar y no darse por vencido. Esta motivación es más relevante cuando se trata de un atleta que se acaba de iniciar en este mundo, ya que no ha cultivado aún su capacidad de sufrimiento. 

Por norma general, al terminar el WOD se chocan los puños o las palmas como muestra de identificación y agradecimiento por el esfuerzo llevado a cabo. Entrenadores, atletas y hasta los espectadores forman parte de esta especie de ‘ritual’. De esta manera, se afianzan los lazos de una comunidad caracterizada por fomentar en todos el orgullo de pertenencia. 

Si engañas a alguien es a ti mismo

Los resultados obtenidos en la realización de los WOD se pueden medir fácilmente. El tiempo que tarda el atleta en ejecutar el entrenamiento y las rondas o repeticiones completadas son los indicadores básicos de esta disciplina. Lo que parece algo sencillo no siempre se lleva a cabo. Se produce entonces un cambio en la importancia cedida a la honradez. Cumplir con lo establecido pasa a ocupar un segundo plano, opacado por el deseo de ser ‘mejor’ que el resto.

Es por ello que, en algunas ocasiones, las clases de CrossFit se convierten en espacios donde surgen los, popularmente conocidos, ‘come-reps’: atletas que falsean sus resultados, durante y después del entrenamiento. Esto supone un ataque a los valores de esta disciplina pero, sobre todo, un obstáculo al desarrollo de sus capacidades como deportista. La única persona sobre las que tienen efecto estos engaños es aquella que los produce. Ganar o perder un WOD deja de tener sentido cuando ya no existe el intento de progreso y tan solo queda el ansia por ser el primero.

La diversión no debe desaparecer

Cuando se habla sobre las sensaciones surgidas tras la realización de un entrenamiento, se suelen incluir, únicamente, los términos “duros” o “sufridos”. Si bien es cierto que son los sentimientos buscados por el atleta, queda en el olvido la verdadera razón por la que se practica. Diversas causas impulsan a las personas a iniciarse en esta disciplina. Sin embargo, todos comparten el motivo fundamental por el que permanecen en ella: la diversión. 

 

Es evidente que la trayectoria que sufre la evolución del atleta no es lineal. Nunca lo es. Al pico de euforia inicial, generado por un aprendizaje rápido y notable, le sigue un descenso protagonizado por la frustración y la sensación de bloqueo. Subidas y bajadas. Logros y estancamientos. Un constante vaivén de éxitos y fallos que conforman una especie de juego. Y como por definición: sin diversión no hay juego.  

Aparentemente distintos, pero con un trasfondo más que similar. Cada box se establece como un espacio en el que cultivar estas cuatro reglas, no escritas, pero que han sido promotoras de la esencia del CrossFit y de su comunidad. 

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