¿Cuándo visitar al fisio?

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- Colaboradores -

Tú, crossfitero que cuidas tu alimentación cada día para mejorar tu rendimiento. Buscas alimentos que te aporten nutrientes esenciales y  sean bajos en grasas saturadas y azúcares. Pruebas todo tipo de batidos saludables mezclando frutas y verduras que nunca antes habías oído hablar.

Tú, crossfitero que entrenas de lunes a viernes como si no hubiera un mañana. Te sangran las manos y sigues, si toca carrera en el WOD y llueve no te lo piensas y lo haces. Tú que quedas los fines de semana con los compañeros en el box con la excusa de tomar algo después, pero en realidad lo haces porque no quieres parar de entrenar.

A ti que  te gusta cuidarte en todos los ámbitos ¿Por qué no cuidas también tu salud? A ti, que no te gusta parar para seguir mejorando ¿por qué no prevenir las lesiones antes de que nos detengan ellas?

Cómo evitar problemas

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Se tiene que quitar la idea de visitar al fisio solo cuando te duele una zona de tu cuerpo, porque eso significa que algo está mal y necesita su tiempo de recuperación. O peor si sigues entrenando con dolores, porque eso puede convertirse en alguna lesión mucho más seria y dejarte bastante tiempo sin visitar la tarima de tu box. Un ejemplo claro y fácil, para que me entiendas, es que de una simple contractura, que si te la tratases a tiempo no habría ningún problema, puede llegar a transformarse en una tendinitis.

No dudes en darte un masaje cuando notes que tienes las piernas cargadas, no puedas estirar bien los brazos o cuando notes pequeñas molestias, que no sabes cómo se han producido, pero te molestan en determinados movimientos cotidianos de tu día a día.

No más excusas

 – Unos de los impedimentos por los que no se va al fisio es porque duele (y mucho) cuando te tratan. Pero sabes que es necesario para mejorar tu salud y rendimiento. Además hoy en día, hay una gran cantidad de máquinas y tratamientos que no son tan dolorosos y facilitan mucho el trabajo, tanto al terapeuta como al paciente.

 – Otro razón por la que evitamos ir al fisio es por la parte económica. Solo tienes que pensar que es una  inversión en ti y que te va a beneficiar en muchas cosas. Si eres capaz de pagar 140€ por unas zapas de crossfit o 200€ por unas de halterofilia, ¿por qué no vas a pagar unos 40€, más o menos, por tu salud? Todo esfuerzo tiene su recompensa, y este esfuerzo merece la pena. De todas maneras, en cualquier centro terapéutico hay ofertas o bonos de varias sesiones, las cuales podréis coger entre varios compañeros y repartiros las sesiones y el gasto, si el centro os lo permite.

 – También se pone la excusa de no ir al fisio por tiempo. Siempre hay tiempo para lo que se quiere o se necesita, pero una solución a este problema son los terapeutas que se dedican a hacer domicilios con la misma profesionalidad y resultados que cualquier centro. El precio será más caro, pero ganarás en comodidad y tiempo.

La magia no existe

Existe la idea de que los terapeutas sólo nos quieren sacar el dinero debido a que nos dicen de visitarlos varias veces, pero ¿no será que para quitarnos nuestras molestias necesitamos esas sesiones que nos recomienda el profesional?

Porque, al igual que vamos al nutricionista y en una semana no nos vemos como queremos o como cuando empezamos a practicar crossfit y en una semana no estamos para los “Games”, ¿por qué exigir al terapeuta que nos quite las molestias en una única sesión?

Toda lesión, necesita su proceso de curación y rehabilitación. Cuanto menor sea la lesión, más cortos serán esos plazos. Pero, si ya es una lesión con cierta complejidad, como puede ser una subluxación, es altamente recomendable hacer caso al profesional en todo lo que nos diga: sesiones, consejos, descanso y ejercicios.

Es muy difícil hoy día recuperarse al 100% de una lesión, debido a que nuestro trabajo no nos lo permite del todo. Las lesiones más comunes suelen venir por posturas o gestos cotidianos, mal ejecutados durante nuestro día a día. El gesto de mirar hacia abajo cuando estamos con el móvil, a la larga nos puede producir cervicalgias, al igual que trabajar agachados manejando pesos, puede producir lumbalgias.

Hay que tener en cuenta estos factores para mejorar en la rehabilitación, ya que por muy bueno que sea el profesional, solo estamos con él una o dos horas a la semana, el resto de trabajo lo tenemos que hacer nosotros, si no su trabajo, no nos habrá servido de nada. Tenemos que estar concienciados de corregir las posturas y eliminar los factores que desencadenan nuestras molestias.

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Todas las pruebas son pocas

Cuantas más pruebas le aportemos a nuestro fisio, más claro tendrá el tratamiento y sabrá mejor cómo abordar nuestro problema.

Está muy bien que tengamos confianza en nuestro terapeuta y nos guste su trabajo y resultados, pero una cosa que debemos tener clara como pacientes, es que ellos no tienen rayos X en los ojos. Ellos con sus conocimientos nos pueden hacer varios test para descartar según que patologías en ciertas zonas del cuerpo, o más o menos intuir lo que nos puede pasar según los síntomas que les describimos. Pero no pueden ver más allá de nuestra piel, ya que se puede tratar de otras patologías que no son musculares u óseas, por eso primero hay que ir al médico y que él nos diagnostique lo que tenemos. Después, con todas las pruebas y resultados de las mismas, iremos a que nos trate el fisio.

Llevándole las pruebas al fisio, el trabajo más fácil y sabrá inmediatamente que tratamiento es el que nos conviene para que volvamos cuanto antes a nuestra rutina.

Higiene

Aunque se sabe de sobra que hay que ir aseados al fisio, no está demás dar un pequeño recordatorio a este tema. Porque seguro que no irías a una consulta que no te cambiara la sabanilla o que te atendieran con las manos sucias o uñas largas.

Hoy día que todos somos muy sensibles con los olores, nos acordamos de ese olor de la persona que amamos o nos tapamos la nariz inmediatamente cuando no soportamos un olor fuerte o desagradable. Para evitar esos problemas de que paciente o profesional se sientan incómodos por los olores corporales, se recomienda hacer un pequeño hueco antes de la cita para darse una ducha y evitar ese momento de vergüenza. Un olor desagradable, puede causar desatención por parte del profesional.

Un ejemplo claro es: si se va por una fascitis plantar o problemas cercanos al pie, es aconsejable ir con el pie arreglado y con otro calzado que no sea el que hemos estado llevando todo el día.

Perder la vergüenza frente al fisioterapeuta

En los años que estamos éste no debería ser ningún impedimento, pero hay personas las cuales les da vergüenza “desnudarse” frente al terapeuta y más cuando son del sexo opuesto. Una cosa que no debería ser así, debido a que son profesionales que nos van a ayudar en nuestra salud y se van a centrar en eso, y no en manosearnos o reírse de nuestros defectos.

Otra razón por las que se suele sentir vergüenza, es cuando nos tienen que tratar zonas “incómodas” o cerca de nuestras zonas íntimas. No debería ser así ya que es por nuestro beneficio y no por otros intereses. Un claro ejemplo es cuando vamos a que nos descarguen las piernas y olvidamos una zona muy importante de las piernas, ¡las nalgas! En las nalgas hay un montón de musculatura que utilizamos a diario en el box. Por eso deberíamos tratarnos la musculatura de la cadera con la importancia que tiene y sin pasar ningún tipo de vergüenza, indiferentemente de la persona que nos trate.

 

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Iván García - Fisioterapeuta deportivo
Fisioterapeuta, profesor de pilates, trx, crossfit level 1, entrenador personal, nutricionista deportivo y estudiante de osteopatía. Especializado en la terapia deportiva y al entrenamiento fucional y personal

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